Cuando contratás un seguro para tu auto, tu casa o tu comercio, hay un número clave que muchas veces se subestima: la suma asegurada. Parece un detalle técnico, pero puede definir cuánta plata recibís (o no) el día que más lo necesitás.
Suma asegurada y valor real no son lo mismo
La suma asegurada es el monto que se declara al contratar la póliza. El valor real es lo que ese bien efectivamente vale el día del siniestro. Cuando ambos números coinciden, se dice que tenés un seguro pleno: si te pasa algo, cobrás el 100% del daño.
Qué pasa si asegurás de menos: el infraseguro
Si la suma asegurada es menor al valor real del bien, estás en lo que se llama infraseguro. Y acá está el punto que sorprende a muchos: ante un siniestro, la aseguradora no te indemniza el daño completo. Te paga en la misma proporción que existe entre lo que aseguraste y lo que el bien realmente vale.
Por qué pasa esto (las causas más comunes)
- Subestimar el valor al contratar: por desconocimiento, o para pagar una prima más baja
- No actualizar la suma asegurada con el tiempo: la inflación hace que los bienes valgan más, y si la póliza no se actualiza, con el tiempo terminás infraasegurado sin darte cuenta
- Después de un siniestro: en algunas coberturas, si no reponés la suma asegurada luego de cobrar una indemnización, quedás infraasegurado hasta la renovación
- Cambios de stock (para comercios): si tu mercadería aumenta en ciertas épocas del año y no avisás, tu seguro puede quedar corto justo cuando más stock tenés
¿Y si asegurás de más?
Tampoco conviene. Si la suma asegurada supera el valor real del bien (sobreseguro), vas a pagar una prima más cara sin necesidad: nunca te van a indemnizar más de lo que el bien realmente vale.
La clave: mantener la suma asegurada al día
Lo ideal es revisar la suma asegurada de tus pólizas cada tanto, sobre todo si pasó tiempo desde que contrataste o si el valor de lo asegurado cambió. Es un ajuste simple que evita sorpresas justo en el peor momento: cuando ya tuviste un siniestro.